lunes, 11 de junio de 2007

A mi padre

MI PADRE

El día D marcó para la humanidad un hecho importante en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, los aliados desembarcan en las playas francesas de Normandía, dando comienzo al final del conflicto bélico. Pero en una república pobre, que nada tenía que ver con el enfrentamiento, nacía el segundo hijo de la que sería una numerosa familia, nacía un hombre que toda la vida la vería y la viviría de frente, que no le temblaría la mano para defender lo que es suyo, que se quitaría el pan de la boca para dárselo a uno o a todos de los cuatro hijos que tendría: ese día nació mi padre.

Mi padre siempre fue el gran techo que me protegía, sin entender aún el compromiso que mis hermanos tenían conmigo, yo entendía que nunca me pasaría nada mientras ese personaje estuviera ahí sentado en la cama, sosteniéndome mientras yo jugaba con sus párpados. El hombre aquel sacó de sus bolsillos los sueños de cinco personas, dejó de ser hijo para ser, de ahora en adelante, padre.

El amigo que me dio vida no descansa, y no lo ha hecho desde hace 30 años. A muchos he oído decir que él era delgado, pero yo siempre lo vi tan grande como lo es ahora, imagino, como dice Alejandro Sanz, que engordó para que el alma le entrase.Es él la persona que me he esforzado por imitar, pero si llegara a ser la mitad de ser humano de lo que es él me sentiría satisfecho, porque ser más entregado a los demás que él, no puede ser terrenal.

La imagen de la camioneta grande, verde y sumamente vieja recorre mi cabeza como alguna vez recorrió las calles de Zipaquirá conducida por ese personaje que era capaz de hacer cualquier cosa; sí, cualquier cosa, era capaz de hablar con cualquier profesor mientras yo me escondía muerto de miedo, detrás de sus piernas; sí, cualquier cosa, como reparar las tuberías que mi niñez rompía; sí, cualquier cosa, como recogerme todos los días del colegio en la bicicleta roja.

Ese es él. Y tengo la alegría de poder decir “es”, de poderlo tener en frente todas las mañanas, de verlo entrar todas las noches a mi cuarto a desearme buena noche, de decirle que necesito ayuda y saber que ésta ayuda no tardará en llegar. Hoy sólo quiero elevar una plegaria al cielo, y es pidiendo que la Divina Providencia me lo deje mucho tiempo más, y cuando decida llevárselo me encuentre preparado para afrontar este mundo que entonces, sería un lugar mezquino, salvaje y frío.

Gracias por todo, querido viejo.

Camilo Arturo Cendales Herrera
Octubre de 2003

Hoy quiero agradecer, a nombre de mi familia y del mío propio, la asistencia de todos ustedes a esta ceremonia. Quiero agradecer a Dios Todopoderoso por este hombre que nos regaló por tanto tiempo.

Ayer, hace 21 años, vi la luz del mundo por primera vez, y una de las dos mitades causantes de esto, fue el mejor hombre que Dios tenía en su repertorio; hoy quiero devolver esta vida preciosa a tus manos, Señor, seguro que le acogerás como al mejor de tus siervos, a un hombre que no vivió su vida sino para los demás y con esta preciosa enseñanza queda marcado su legado, lleno además de buenos recuerdos y de mucha alegría.

Papá: Qué mejor regalo puedo tener que el saber que ahora compartes con el Señor Jesucristo la gloria de su Reino y su Resurrección. Saber que ahora juegas softball en el cielo, con bases hechas de nubes y una estrella como home. Que eres recibido en el Reino a ritmo de rancheras y que ahora guardas un espacio en el firmamento para ver si algún día Independiente Santa Fe logra colgar otra estrella, estoy seguro que tú te encargarías de la logística.

Gracias porque fuiste tan buen padre, gracias porque fuiste un excelente esposo y miles de gracias de parte de dos generaciones de sacerdotes y seminaristas, de quienes fuiste papá adoptivo, miles de gracias por tres hermosas pequeñas de quienes fuiste su abuelito. Gracias, de parte de tus sobrinas y sobrinos que tanto quisiste y te quisieron, de toda tu familia y de todo el que te haya conocido.
Todos te extrañaremos pero también recordaremos con alegría tu infinidad de dichos y de bromas, y seremos las personas de bien que tú nos enseñaste a ser, con tus valores, tu rectitud y tu vida dedicada al bienestar de los tuyos, de propios y extraños.
No quise imprimir en estas palabras notas tristes porque sé que nunca quisiste vernos tristes y si con tanta alegría viviste siempre, con la misma alegría viviremos por ti. Eso es solo una pequeña parte de tu legado.

Gracias por todo, papá.

Camilo Arturo Cendales Herrera
28 de agosto de 2006

Originalmente publicado el lunes 28 de agosto de 2006 en hombredelasleyes.blogspot.com

1 comentario:

  1. Creo que desde hace mucho tiempo no leía un artículo con tanto sentido de atención, al punto de conmover mis sentimientos. Por palabras con tanta propiedad y distinción Para mi es un privilegio poder decir que las personas que te conocemos nos sentimos orgullosas de saber la persona que eres y el ejemplo a seguir.
    En la vida hay personas que son irremplazables, otras entra en y sale de nuestras vida a lo largo de los años. Pero, siempre dejaran huellas en el corazón.
    Hay palabras que no bastan para expresar pensamientos, pero dicen más los sentimientos de donde provienen los homenajes.

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