lunes, 27 de noviembre de 2017

La noche más larga

¿La Ruta Mutis, la del Tabaco o la del Río Grande? Parte 3


"Armero desapareció. ¿Cuántos habitantes tenía Armero? Pues ese es el número de muertos"

La radio resonaba. La voz provenía de una avioneta de fumigación, piloteada por Leopoldo Guevara, de la Defensa Civil de Venadillo, que en la mañana de ese 14 de noviembre de 1985, revelaba al país que la noche anterior, Armero, una de las ciudades más prósperas del Tolima, había desaparecido bajo el lodo. 


Son muchas las letras que se han escrito respecto a esta tragedia, que hoy, a más de 30 años de haber ocurrido, sigue como una herida abierta no solamente en sus sobrevivientes, sino también en todos los colombianos, por su magnitud, por la desidia de las autoridades, por sus halos de misterio, porque aún hoy, nos duele a todos.


Y es que parte de toda tragedia, es la historia que sus sobrevivientes cuentan, que recientemente, con la visita del Papa Francisco y la beatificación del Padre Pedro María Ramírez, vuelve a sonar con renovada fuerza: La leyenda de la maldición del padre, que fue asesinado a machetazos, en frente de su iglesia, el 10 de abril de 1948, dentro de los desórdenes sociales provocados por el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, el día anterior. Pero todo esto da para otro artículo. 

Cuando sales de Ambalema, en dirección hacia el norte, te encuentras con inmensas planicies que circunscriben la rivera del Río Magdalena, fértiles y prósperas, y es que precisamente por ello, Armero, antes de ese fatídico 13 de noviembre, era una población grande y muy próspera, con cultivos de algodón como su principal renglón económico. 

Allí, en la Ye, los avisos te dirigen hacia el occidente, a los municipios de Líbano y Murillo, y hacia el norte, a Mariquita. En otros tiempos, este aviso nombraría, obligadamente, a Armero, pero ese nombre ya no aparece en el mapa vial. 
La Ye, entre Ambalema y la salida norte hacia Mariquita. Fuente propia.
Casi sin darte cuenta, te internas en el campo santo que antiguamente era Armero. El primero en recibirte, es una inmensa y fantasmagórica edificación que se encuentra inerte, sepultada hasta la mitad y a la orilla de la carretera. El Hospital de Armero aparece como un gigante que llora a diario su desgracia, entre la maleza que se apodera de sus viejas paredes y techos abandonados, y los recuerdos nostálgicos de quienes a diario pasan por allí. 


Hospital de Armero. Margen occidental de la carretera. Fuente propia. 

Las calles aún se distinguen en aquellas manzanas enteras que quedaron sepultadas, y se dibujan misteriosas y tristes, en todas esas otras cuadras que no recibieron el impacto de la avalancha, pero recibirían más tarde, otra de las tragedias que siempre agobian a nuestras desgracias después de ocurridas: el saqueo y la desidia. 


Mi medio de transporte, en el marco del parque central de Armero.
Fuente Propia

A pocas calles de la carretera nacional que une a Mariquita con Ibagué, se encuentra el que fuera el parque principal de Armero. Rescatado del lodo hasta sus andenes y baldosas originales, y donde se agrupan los turistas y el comercio informal que, indudablemente, siempre sobrevivirán.  

Silente, se encuentra una inmensa cruz, velada celosamente por una estatua de Juan Pablo II, quien visitó este sitio el año siguiente de la tragedia. 


Juan Pablo II junto a la cruz, en el parque central de Armero. Fuente Propia. 
En este mismo parque central, se encuentra, la cúpula del campanario de la Iglesia, en la esquina de un lote vacío, que hoy se presenta con baldosas casi intactas, y que tímidamente nos indica que allí se ubicaba el templo, hasta esa noche. Esta cúpula, fue arrastrada alrededor de 1230 mts de su ubicación original, y fue rescatada y reubicada muchos años después, como parte del programa de recuperar la memoria de Armero.
La esquina donde quedaba la iglesia, hoy presenta la cúpula rescatada y una pequeña valla
que recuerda como lucía en pie. 
Otro punto que se volvió tristemente célebre, es el sitio en donde Omaira Sánchez, de apenas 13 años, agonizó por cerca de 3 días, mientras cuerpos de socorro y toda la atención nacional se volcó sobre ella. No se pudo hacer nada por salvarla, y finalmente falleció allí, donde luchó. Hoy, la "Tumba de Omaira" es un monumento, donde reposan cientos de placas de personas agradecidas, por supuestos milagros realizados por la niña, además de juguetes y muñecas, que le son llevadas por turistas, creyentes y visitantes en general, en un acto de compasión que asemeja un panorama sombrío y de terror. La voz de Omaira atraviesa el aire de este lugar una y otra vez, proveniente de los videos que son vendidos en los puestos comerciales aledaños... su voz, su inocencia y su esperanza desgarran el corazón de cualquier curioso que se acerque a este lugar.

Omaira, como símbolo de la tragedia. Fuente propia.

Muchos creyentes agradecen, con placas, los milagros realizados por
Omaira Sánchez. Fuente propia.

En una extraña y sombría vigilia, juguetes y muñecas rodean la cruz que
marca el sitio de la agonía de Omaira. Fuente propia.
Armero, definitivamente, permanecerá en la memoria del país. Las dimensiones de la tragedia aún son difíciles de asimilar, y ha marcado la vida de cientos de colombianos, incluso aquellos que no se vieron directamente involucrados. Este año de 1985, que vio desaparecer a Armero, apenas una semana antes, había visto morir incineradas a 350 personas aproximadamente, en la Toma al Palacio de Justicia. 
De este año, rescato una imagen que vi en un libro, cuando era niño, y que me impresionó profundamente:


 
A propósito de toda esta tragedia, fue estrenada a nivel nacional, este año de 2017, una producción cinematográfica llamada Armero, que recomiendo ver, como homenaje a las víctimas, como impulso del cine nacional, y como muestra de buenas técnicas cinematográficas, como pocas que se producen en el país. 

Después de tanto silencio, de la noche más larga, y con el espíritu despierto. Dejamos lo que fue Armero, para dirigirnos a Armero Guayabal, que hasta 1986, era solamente Guayabal, un pequeño corregimiento de Armero, y que ahora tuvo que acoger a quienes sobrevivieron. 

Iglesia central, en Armero Guayabal. Fuente propia. 
Sigue el recorrido por la Ruta Mutis, entrando a una insignia histórica del departamento: Mariquita.

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