lunes, 5 de octubre de 2020

Lo que hizo el puente Navarro - Primera Parte

¿ La Ruta Mutis, del Tabaco o del Río Grande? 

IV

El Ministerio de Turismo, Industria y Comercio, como una medida para fomentar precisamente el turismo y el comercio, diseñó una estrategia, por allá a mediados de la década pasada, llamada Red de Pueblos Patrimonio de Colombia.

Logo de la Red de Pueblos Patrimonio
Tomado de Fontur.com

Se trata de una iniciativa, que cuenta también con el apoyo del Ministerio de Cultura y del Fondo Nacional de Turismo Fontur, para incentivar el patrimonio material e inmaterial colombiano - por material, todo lo físico como la arquitectura, monumentos y construcciones en general, y por inmaterial, todo lo que no toca al cuerpo pero sí al alma, como las técnicas, las costumbres, las expresiones y los saberes, entre otras cosas-. 

Dentro de esta red, que bien podría ser un Bucket List -una lista de chequeo para antes de morir- para cualquier colombiano, se encuentran joyas de la magnitud de Barichara, Villa de Leyva y Lorica. Son en total, 17 poblaciones destacadas por su belleza arquitectónica, sus expresiones culturales, entre ellas, la gastronomía, su fuerte carga histórica y por supuesto, su entorno natural. 

Por supuesto, la Ruta Mutis, no resulta ajena a la Red de Pueblos Patrimonio, de hecho, la colaboración de esta Ruta a la Red es significativa, aportando no uno sino dos grandes municipios: Honda y Guaduas, el primero en el Tolima, el segundo en Cundinamarca, y unidos inicialmente, por aquél que titula el presente escrito, el famoso puente Navarro, del que hablaremos más adelante. 

La Villa de San Bartolomé de las Palmas de Honda, posteriormente llamado solamente Municipio de Honda, es, hasta el momento, la única de las poblaciones del Tolima que pertenecen a la mencionada Red, y es que en conjunto, se presenta como una pintura llena de detalles que muestra, entre diversas mezclas y colores, el devenir de la historia por sus calles. No por nada, Honda fue en algún momento el puerto fluvial más importante del país, gracias a que en sus rápidos, conocido como el Salto de Honda, el río Magdalena se vuelve innavegable, lo que la convirtió en el punto de llegada de los vapores -inmensos barcos de pasajeros- desde Barranquilla, y por supuesto, punto de contacto entre la capital y el mundo a través del mar Caribe.  

De hecho, uno de los relatos más famosos de estos viajes, lo narra Gabriel García Márquez, cuando en 1943 viajó a Bogotá, en busca de la ansiada beca para estudiar y que lo llevaría al Liceo Nacional de Varones, en Zipaquirá, Cundinamarca. 

Honda se conoce actualmente, y desde hace largo tiempo, como la ciudad de los puentes, ya que al encontrarse en el punto donde se unen el Río Magdalena, el río Gualí y Quebrada Seca, conectar las orillas siempre se ha hecho necesario. Precisamente, Honda tiene una relación tan cercana con los puentes que desde el Puente Navarro y hasta el así llamado Nuevo Puente de Honda -Nombre que merece un premio Óscar a la originalidad y creatividad- podemos encontrar más de 40 de estos vínculos geográficos en la ciudad. 

Al respecto, podemos mencionar al que titula este escrito, el Puente Navarro, construido entre 1894 y 1898, y que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1994, y por supuesto, con sobradas razones: se trata del primer puente metálico de Suramérica, y el primero en unir las dos mitades de Colombia, separadas por el Magdalena. Este puente tiene muchos datos interesantes, además de los ya mencionados, entre ellos, que fue un boyacense quien se puso en la titánica tarea de su gestión y construcción, el tunjano, Bernardo Navarro, quien pidió y obtuvo el permiso del Congreso de ese entonces, para la instalación de la estructura. 

Anuncio de los puentes ofrecidos por la San Francisco Bridge Company.

Navarro se puso en contacto con la San Francisco Bridge Company de Nueva York, para la adquisición de la estructura metálica. Esta compañía sería quien construiría, años después, el Golden Gate en San Francisco, California. De hecho, el puente Navarro es mayor casi 40 años que el gigantesco puente californiano, y apenas unos 15 años menor que el encopetado Brooklyn Bridge que une a Manhattan con Brooklyn, en Nueva York. De estas dimensiones es la importancia histórica del Navarro Bridge, en Honda. Así mismo, y en un ambiente más local, Navarro pidió asesoría a otro experto en cuestión de puentes, el sopetranero José María Villa Villa -la palabra sopetranero suena a ser uno de esos términos paisas, relacionados con empuje y verraquera, y en cierta forma lo es, si tenemos en cuenta a genios criollos como el mencionado Villa Villa-. En realidad, el término se refiere a los nacidos en Sopetrán, Antioquia, el pueblo frutero del occidente. 

Este señor, José María Villa Villa, matemático e ingeniero, fue quien construyó el Puente de Occidente, también Monumento Nacional y por supuesto, una de las construcciones más hermosas e icónicas de Colombia.

El Puente Navarro es actualmente visitado por muchos turistas locales e internacionales, que encuentran en sus estructuras metálicas, la nostalgia de una Honda. símbolo de progreso de finales de siglo XIX y principios del XX, y por supuesto, más de 120 años después, sigue cumpliendo fielmente el propósito para el que levantado, conectar a Cundinamarca con Honda, para las personas de a pie.

Dentro de toda la historia hondana, varios puentes cuentan varias historias, entre ellos, el puente Luis Ignacio Andrade, tal vez el más visitado del municipio, y no precisamente por su belleza arquitectónica o su interesante historia, sino porque desde 1950 ha sido el principal motor de desarrollo y comercio en la región, es el puente vehicular de acceso al municipio y hasta antes de la apertura del Puente Nuevo, conectaba a Bogotá con el norte y el occidente del país. 

Otros puentes relevantes de esta población tolimense, son el puente Alfonso López y el Agudelo, sobre el río Gualí, y llamados así por importantes personalidades nacidas en el municipio. El primero fue presidente de Colombia y el segundo, corresponde a un escritor reconocido. Esto hace que el llamar al puente nuevo, como Nuevo Puente, no sea lo más creativo del mundo. Seguramente hay otras personas hondanas que merezcan ser recordadas en esa nomenclatura.  

Ahora, ya que Honda se reconoce como un sitio turístico por su excelente ubicación y clima, y además, como hemos visto, por su historia, no es de extrañarse que tenga espacios dedicados a este aspecto. Honda cuenta con al menos dos grandes museos que son sumamente interesantes: Uno es la Casa Museo Alfonso López Pumarejo, donde vivieron los padres del expresidente y él mismo, durante su niñez y adolescencia: una bella casona del siglo XVIII, restaurada para resistir el paso del tiempo y llena de objetos de la época, no solamente de la familia López, sino de la usanza general. Un clásico museo para observar la historia a través de objetos personales.  

Museo del Río Magdalena. Fuente propia. 

Por otro lado, y como una de las grandes recomendaciones de este artículo, es el Museo del Río Magdalena. Un espacio destinado a la memoria del río... no solamente desde un enfoque teórico, sino también cultural e interactivos sobre sus costumbres, sus habitantes, su fauna y un montón de cosas increíbles para los que somos Magdalenalovers

Ya para finalizar, la gran invitación a Honda se hace para los finales de febrero, en el llamado Festival de la Subienda (otro hijo del matrimonio del gigante con la ciudad). Se trata de la temporada festiva del municipio, a partir del desove de las principales especies de peces que suben por el río hasta esta población y que se convierte en sustento de pescadores y motivo de fiesta para propios y visitantes. Así, mismo, el reinado, los concursos y las verbenas acompañan al delicioso concurso del viudo de pescado (principalmente de Capaz), que mencionamos en el artículo A Solas con el gigante, y que sin duda, es uno de los mejores atractivos de las poblaciones rivereñas. 

Nuestro recorrido se acerca al final, pero aún nos queda una de las grandes joyas. Atravesaremos el Puente Navarro o el Luis Ignacio Andrade y nos dirigimos a la Villa de San Miguel de Guaduas.   




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